Me lo dijiste desde el primer día, vete, vete, pero yo no te entendí, como siempre, como ahora. Y me quedé sin aire, y me miraste, algo menos confundida que yo, y sólo allí en esos ojos te encontré, esa mirada a cambio del beso. Y anduvimos cada uno con nuestro pasado como pudimos, y lo intentamos, pero sólo conseguimos ensuciarnos, lágrima aquí lágrima allá, y unas cuantas noches sin dormir. Sólo cuando estábamos desnudos parecía de verdad, y de repente explotaba en la cara, pum pum, sin avisar. Y aún resuenas cuando duermo, pum pum. Y me despierto un poco más gris y siniestro, y me pregunto ¿qué es lo que hice mal? No lo sé.
No quedan letras sino besos entre los que busco mil sonrisas que me oigan gritarle al olvido lo que soy y a las lágrimas vengan a secar, aquellas manos que muero por tocar. No quedan palabras sino miradas entre las que me oigo suspirar cada vez que trato de encontrar, aquellos ojos que muero por mirar.
Volar espero sin tus alas y sin mi miedo. Alzar la vista sobre el cielo y a cada paso, haciéndome sordo de caricias y vago de palabras. Llorar rehuyo vacilando al pensarte, porque de deseo nace el miedo, y de espera mueren los besos y el recuerdo.
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