Seda

Reímos nuestros labios
que de calor fundieron,
cayendo sumidos entre sollozos
saltando y entrecortando palabras.
Y nos fuimos resbalando
con los dedos entrelazados de seda,
para volar con los ojos cerrados
sin miedo a mirarnos
y sin miedo a poder tocarnos,
con los pies sucios de lágrimas,
y el corazón en la mano,
para morir en un sueño,
que de dolor se apaga,
tantas veces recordado.

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